Gestionar una queja no es solo resolver un conflicto puntual; es una oportunidad de auditoría gratuita para la Administración. Una queja bien gestionada previene recursos administrativos posteriores y mejora la percepción de la ciudadanía.

El procedimiento para gestionar quejas y reclamaciones suele estar regulado por decretos específicos de cada Administración (basándose en la Ley 39/2015 y la Ley 40/2015), pero sigue este esquema estándar:


1. Recepción y Presentación (Iniciación)

El ciudadano puede manifestar su insatisfacción a través de varios canales:


2. Tramitación Interna (Instrucción)

Una vez registrada la queja, se activa el engranaje administrativo:

  1. Acuse de recibo: Se debe informar al ciudadano de que su queja ha sido recibida y registrada (generalmente de forma automática si es online).

  2. Traslado a la unidad afectada: El órgano responsable de «Calidad» o «Atención al Ciudadano» remite la queja al responsable de la unidad o servicio que originó la protesta.

  3. Informe de respuesta: El jefe de la unidad afectada debe emitir un informe interno explicando lo sucedido y proponiendo, si cabe, medidas correctoras.


3. Contestación al Ciudadano (Finalización)

La Administración tiene la obligación de responder de forma expresa.


4. Seguimiento y Mejora Continua

De nada sirve responder si no se aprende del error.