La responsabilidad patrimonial es la obligación legal de la Administración de reparar o indemnizar los daños causados a los ciudadanos como consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos. Se regula principalmente en los artículos 32 a 37 de la Ley 40/2015 (LRJSP) y en los aspectos procedimentales de la Ley 39/2015.

 

A diferencia del derecho civil privado, donde suele castigarse la «culpa», la responsabilidad administrativa es, en esencia, objetiva.

 


1. Requisitos para la Indemnización

Para que un ciudadano tenga derecho a ser indemnizado, deben cumplirse simultáneamente cuatro requisitos:

  1. Daño real y efectivo: El daño debe ser evaluable económicamente e individualizado (afecta a una persona o grupo concreto, no es una carga general que todos soportamos).

     

  2. Antijuridicidad: El ciudadano no tiene el deber jurídico de soportar el daño conforme a la ley.

     

  3. Funcionamiento de los servicios públicos: El daño debe derivar de una acción u omisión de la Administración, ya sea por un funcionamiento normal (ej. una expropiación) o anormal (ej. una negligencia médica o un bache en la carretera).

     

  4. Relación de causalidad: Debe existir un nexo directo entre la actuación administrativa y el daño sufrido, sin que intervengan causas externas que rompan ese hilo.

     


2. Causas de Exclusión (¿Cuándo NO paga la Administración?)

Existen situaciones que rompen la responsabilidad de la Administración:

 


3. El Procedimiento de Reclamación

El ciudadano dispone de un cauce específico para reclamar:


4. Cálculo de la Indemnización (Art. 34)

La cuantía de la indemnización se calcula con referencia al día en que la lesión se produjo efectivamente. Se utilizan los criterios de valoración de la Ley de Expropiación Forzosa, legislación fiscal y otras normas aplicables, incluyendo:

 


5. Responsabilidad de Autoridades y Personal (Art. 36)

Es importante destacar que el ciudadano reclama siempre a la Administración, no al funcionario directamente.

Sin embargo, si la Administración paga por culpa de un funcionario que actuó con dolo, culpa o negligencia grave, la Administración está obligada a «repetir» contra él. Esto significa que la Administración le reclamará internamente el dinero pagado al ciudadano para resarcir las arcas públicas.